EL PODER DE LA AUTOESTIMA

soletría

 

 Conocernos y valorarnos a nosotros mismos es algo fundamental para tener una sólida salud mental.  Desde la primera infancia, día tras día, las experiencias vividas -tanto de la interacción con el ambiente, como con las demás personas e incluso con nosotros mismos- nos permiten aprender sobre el mundo y dicho aprendizaje es necesario para resolver los desafíos básicos de la vida.

 

Así, ese conocer y valorar nuestra propia persona nos permite construir nuestro carácter y una imagen de quiénes somos. La autoestima es, precisamente, la impresión que tenemos de nosotros mismos basados en las experiencias y sentimientos que hemos ido interiorizando a lo largo de nuestra vida. Poseer una autoestima sana nos permite experimentarnos como personas competentes, para dar salida a las situaciones que la cotidianeidad nos demanda día a día: crear relaciones sólidas, responder al sufrimiento, generar autonomía, desarrollarnos profesionalmente, etc., así como vivenciarnos como merecedores de amor y respeto.

 

Podemos decir (o decirnos) que somos inteligentes, obstinados, valientes, cobardes, etc., o bien, podemos sentir agrado o desagrado por nuestra imagen personal. Todas estas auto concepciones y valoraciones personales, posibles gracias a nuestra naturaleza auto-consciente,  son ingredientes de la autoestima, y nos permite decir que tenemos una autoestima alta o baja.

 

Entonces, básicamente, la autoestima es el concepto que de nosotros mismos tenemos. ¿Cómo se forma el autoconcepto? Sencillamente, tomando conciencia de nuestros atributos personales y usándolos oportuna e inteligentemente. Tales atributos personales son rasgos, aptitudes, capacidades o habilidades que todos poseemos y que podemos desarrollar y mejorar por nosotros mismos.

 

La autoestima se empieza a construir desde los primeros años de vida de una persona, y es el resultado de la interacción física y emocional que un infante tiene con su círculo más cercano, es decir, sus padres o aquellos que se encargan de cuidarlo y procurarlo. Esta interacción, con el paso del tiempo, va generando una sensación de aceptación, de cierta satisfacción personal y la consciencia de que ser recíprocos con quienes nos han proporcionado amor es valioso.

 

Se considera, también, que la autoestima posee dos componentes básicos que le permiten abarcar más de la condición humana:

 

  • La autoeficacia o competencia: Sentimiento de capacidad personal. Esto es, la confianza en uno mismo, el sentimiento de ser capaz de enfrentar los retos de la vida de manera responsable y madura. Sentirse competente proporciona una sensación de satisfacción al saberse capaz de resolver los problemas de manera reflexiva e inteligente.
  • La auto-dignidad o mérito: Sentimiento de valor personal. Es decir, la sensación de ser digno, respetable y que se tiene un valor como individuo, como fin en sí mismo y no como herramienta o medio para otros. Valorarse a uno mismo nos permite apreciarnos, dar cuenta que merecemos amor y felicidad, de tal modo que buscamos satisfacer nuestras necesidades básicas y construir una vida más agradable y exitosa.

 

La integración de ambos conceptos en la vida diaria, así como concretar acciones que nos hagan mejores individuos cada día, requiere de un considerable esfuerzo, pero nos permite crecer y mejorar nuestra vida. Atreverse a romper esquemas, a cuestionar mis actitudes y pensamientos, a enfrentar prejuicios es la mejor forma de construirnos a nosotros mismos. Si adicionas a la autoestima el desarrollo de tus propios atributos personales estarás en el camino de la seguridad personal.

 

Cuidar de nuestro estado emocional no es menos importante que cuidar de nuestro cuerpo, de hecho, nuestra salud mental repercute en nuestra salud física: la ciencia cada día avanza más en la búsqueda de la conexión real entre nuestras emociones y las enfermedades que adquirimos.

 

Así, la autoestima es una herramienta importante con la que contamos para enfrentar la vida. Re-pensarla, reconocerla y trabajar sobre la propia es necesario en un tiempo de grandes demandas y cambios permanentes, donde en el ambiente parece respirarse tanta incertidumbre e insatisfacción en lo que la gente hace, en cómo se siente, en cómo vive y en cómo ve el futuro.

 

 

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